lunes, 12 de enero de 2015

Cómo hacer una lasaña sin cocer la pasta


Un poco tardío pero ¡¡feliz año a todos!!

Hoy vuelta al blog para publicar algo que seguramente muchos ya sabéis pero que estoy segura de que otros muchos no y es un truco muy práctico para hacer una lasaña en la mitad de tiempo del normal.

¿Qué es lo que de verdad incordia a la hora de hacerla? Para mí, cocer la pasta. Si a eso le sumamos que nuestra pasta sin gluten puede ser más quebradiza, se pegan las placas unas a otras al cocerlas y se rompen al sacarlas y despegarlas, se te poner una mala leche ... Con el dineral que cuestan y con el tiempo que inviertes, lo mínimo que esperas es hacer algo decente y sufriendo lo menos posible. Y eso es lo que hago ahora, ahora ni sufro ... ¡ni cuezo la pasta!!

Preparo el relleno, hago una buena cantidad de bechamel (al menos litro y medio para una lasaña del tamaño de la foto, que tiene una base con tres placas de pasta), engraso un poco el molde para que no se pegue la pasta ... 



... y capa de pasta 

Capa de relleno

Capa de bechamel

Repetimos:

Pasta

Relleno

Bechamel 

Las veces que el molde nos permita o nos dé el relleno

Terminamos con pasta

Cubrimos con la bechamel que nos queda ...





... y lo dejamos enfriar antes de meterlo en la nevera bien tapado para que no se reseque. Al día siguiente o, por ejemplo de la mañana a la noche para cenar (también he probado), las placas se habrán hidratad bien con la bechamel y el relleno y sólo necesitamos que terminen de cocer en el horno. 

Añadimos queso si nos gusta.

Ponemos nuestro horno a una temperatura moderada (unos 170º) durante media hora y después le damos un golpe para gratinar. 



 Y lista nuestra lasaña! Y sin horas de elaboración.

¿Vosotros lo hacéis así o cocéis la pasta antes?

viernes, 2 de enero de 2015

Roscón de Reyes sin gluten: Consejos para que salga perfecto.

¡¡Hola a todos!! Llevo semanas viendo que estáis casi todos prepados para preparar vuestro roscón para la fiesta de las fiestas, la más ilusionante y más nuestra: los Reyes.

He visto resultados espectaculares en todas las redes sociales con fotos de roscones perfectos, aunque algunas personas siguen teniendo y planteándome las mismas dudas que ahora, debido a la falta de tiempo, me cuesta mucho contestar de forma individual, así que voy a intentar contestar a todos, publicando estos pequeños consejos para que en la prueba final no falle nada. 

Mi receta de roscón ya la conocéis muchos, y aunque siempre intento cambiar algo para mejorarlo, he de decir que ya sólo lo hago en cuanto a las harinas que utilizo y a la cantidad de levadura, que he ido reduciendo hasta el mínimo. Por lo demás, me gusta ya tal y como está y, después de años de experimentos, procuro cambiar lo menos posible.

En el enlace a la receta completa (pincha aquí), podéis ver estos pequeños cambios en cuanto a las harinas. Podéis optar por una u otra opción.

Estas son algunas de las cosas a tener en cuenta:


- Elige y lee bien la receta. Compra los ingredientes que te faltan y asegurate de no saltarte ningún paso. 


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- Utiliza poca levadura. 10 gr. de levadura fresca para medio kilo de harina es más que suficiente. Nada de echarle el taco entero. 25, 40 gr. ... son una barbaridad. 


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- No hagas cambios ni tuneos de última hora. Utiliza los ingredientes de la receta que quieres hacer. Diferente harina, diferente resultado. Si quieres usar otra harina, seguro que hay otra receta con ella.


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- Respeta los tiempos de reposo de las masas. El roscón es fácil pero necesita su tiempo. 

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- Manipula la masa ayudándote con tus manos mojadas en agua. La masa será blanda y pegajosa, si no es así, no será un roscón todo lo tierno que quieres.


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- Hornea  hasta que el roscón empiece a tomar un poco de color, entonces, cúbrelo con papel de aluminio. Para conseguir el dorado perfecto, quítalo al final y cuando tenga el color deseado, apaga el horno. 

- Para conseguir un dorado más uniforme, pinta tu roscón con leche y suprime el huevo.


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- ¿Bajará? No siempre, pero puede ocurrir. Si está bueno y está tierno ... ¡¡No pasa nada!!. (Echa un ojo a los que venden a ver qué altura tienen)


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- No lo cortes ni rellenes hasta que esté completamente frio. ¡Aguanta!


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- Cualquier elaboración casera, cuanto más reciente, mejor estará.  Si no lo consumes en el día, congela. Es la mejor opción.


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- Si sobra algo de lo que has dejado fuera para el día siguiente, un golpe de microondas (unos segundos) lo volverá tierno. 


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Disfruta de tu roscón y ... ¡¡feliz día de Reyes a tod@s!!





lunes, 15 de diciembre de 2014

Huesca sin gluten

Mi amiga Marimar, llama a estos días mis "días de gloria bloggera". Son esos días en los que yo me siento feliz de tener este blog y puede ser por muchos motivos: porque me siento bien por algo que he hecho con mis compañeros, porque una receta o un post tienen buena aceptación, porque alguien me escribe o habla conmigo, porque alguien ha aprendido a hacer pan en un curso en los que participo ... Momentos, simplemente, en los que me siento bien por llevar aquí casi diez añitos ya, con sus buenos y malos momentos.

Y hoy, queridos, es uno de esos días. Un día de resaca post-finde maravilloso, después de mi asistencia a la Jornada Especializada en Celiaquía y Dieta sin gluten organizada por En Destino y Asociación Celiaca Aragonesa y que os voy a contar en cuatro actos empezando de la peor de las maneras, aunque rápido lo vais a entender:

YO

Madrid, sábado 13 de diciembre, 8:27 de la mañana. El tren que me llevará a Huesca sale a las 8:30. Suena mi móvil:

Amaya: Nuria, ¿dónde estás? Estamos en el tren ya.
Yo: ... ¿Qué? ...
Amaya: ¿Dónde estás?
Yo: ¡¡¡En la cama!!

Me he dormido después de una semana horrible (de las peores de mi vida). Me he dormido y no hay forma humana de llegar a la estación en 3 minutos. No hay forma humana de cambiar el billete en 20 minutos de cortesía que te dan y no hay forma humana de comprar otro que me lleve a Huesca a una hora decente. Tengo ganas de llorar y me siento bloqueada, pero también tengo un par, así que ... cierro la maleta, cojo mi coche y ¡caminito de Huesca! 389 km conduciendo, escuchando música y cantando a voz en grito para no aburrirme.

Llego dos horas después de lo previsto y me pierdo las dos primeras paradas de la ruta de tapas que nos han preparado. La primera muestra de que Huesca es una ciudad muy concienciada con los celiacos y con la dieta sin gluten. Lo veo nada más llegar allí mientras espero, en la última parada, a que lleguen mis compañeros: todos los platos de la carta, menos uno, están señalados con la espiga barrada.



LAS JORNADAS

De las maravillosas tapas, las visitas a las cocinas y la degustación de las mismas, vais a tener que esperar para saber más a que os cuenten mis compañeros de viaje Ricardo (de Celiaco a los 30), Lourdes (de La cocina de Pikerita), Amaya (de Celiaquitos), Ana y Victor (de Caminar sin Gluten) y Bárbara de (Cocina Sin).

Yo tan solo os digo que, la primera sorpresa, fue cuando nos contaron que en Huesca hay una gran mayoría de bares con cerveza apta sin gluten. Es normal ¿no? Al fin y al cabo Ambar es una cerveza de la tierra.

De izquierda a derecha: Moderador, Juan Carlos García (FACE JOVEN); Historias Celiacas, Celiaco a los 30, Celiaquitos, Caminar sin gluten, Destinos Sin Gluten, Sin Gluten, Pikerita.

Para continuar, asistimos a dos de los actos programados en las jornadas. 

En la comida, pudimos conocer a Mateo, nuestro concursante celiaco en Masterchef. Un chico encantador, guapísimo y que está poniendo a los celiacos en el mapa allá por donde va. Fue un encuentro muy cortito porque estaba muy ocupado, pero ... en solo unos días le volveremos a ver y esperamos tener la oportunidad de charlar un poco más.

Después, vino otra aportación nuestra a las jornadas: una tertulia para exponer qué hacemos con nuestros blogs y qué podemos aportar con ellos: intentamos desdramatizar y normalizar nuestras vidas y transmitirlo a los celiacos que nos leen; aportamos la información de la que disponemos desde la responsabilidad y sabiendo de lo que hablamos y, añado: estamos siempre dispuestos a participar y colaborar con nuestras asociaciones, con todas y cada una de ellas, participando activamente en todo aquello para lo que podamos ser útiles. Estamos y somos parte de ellas.



Y para rematar, churros ... ¡ay mamá!! ¡¡Churros de verdad!! Recién hechos, crujientes, sabrosos, con chocolate, sin chocolate, rellenos de crema ... Hechos por un maestro del gremio. Cuatro generaciones de una familia haciendo churros y ¿se le iban a resistir unos sin gluten? Pues no. Los ha conseguido de forma insuperable. Y no sólo eso, en "A Bocados" puedes encontrar también gofres y crépes sin gluten, pero tendréis que esperar a que os lo cuenten mis compis porque la que escribe, como ya sabéis, tuvo que volver en coche y se perdió la merienda del domingo.



HUESCA


Todo lo que Huesca tiene que ofrecer a los celiacos no había podido imaginarlo ni siquiera en mis mejores sueños. Si alguien se pregunta por qué nos invitan a estos eventos creo tener al respuesta muy clara para este caso: Huesca merece un lugar de honor en el trato que nos da y es desconocido por la mayor parte de nosotros. Merece que lo contemos y que todo el mundo lo sepa. Yo llevo 10 años en este mundo y no sabía hasta que punto podía ser un paraíso para nosotros. Y vaya si lo es: multitud de restaurantes y bares con menús sin gluten y cerveza apta identificados en desde la misma puerta. Con primeros, segundos y postres (sí, postres de verdad). El único bar estrella Michelín de España, tapas, raciones, dulces, turrones ... En cada esquina, una espiga barrada, un cartel "sin gluten" ... Es algo increíble.



El domingo rematamos con una visita a Huesca, de la mano y guiados por Teresa, también celiaca y también bloggera en "El Rincón sin Gluten" y su compañero Pedro. Decir que es un lujo visitar una ciudad con alguien así, que conoce cada rincón, cada edificio y cada piedra del mismo es quedarse muy corto. Toda su información es una verdadera master class, un privilegio.

Como buena castellana (aunque entreverá) y amante del románico, creo que fue un auténtico privilegio aprender tanto de ellos y sus aportaciones que no suelen ser las que están en las guías de viaje.

Me atrevo a decir que quedamos todos impresionados con lo que vimos y con lo que escuchamos.


 LA GENTE

Viajar acompañada de los que ya conoces desde hace años, a los que aprecias, con los que te diviertes, compartes muchos puntos de vista y te ríes, es genial y divertido ya en sí; conocer gente nueva en estos sitios, implicada con la enfermedad celiaca, miembros de asociaciones, empresarios que se dedican al mundo sin gluten y que persiguen lo mismo que tú y trabajan para conseguirlo, es enriquecedor; pero llegar al recinto donde vas a participar en la tertulia y que varias personas que te siguen en el blog, se levanten de su sitio cuando te ven para identificarse y saludarte, que de repente tengan cara y voz, es una sensación indescriptible

Me gusta la gente y soy un ser social. Ojalá hubiera podido estar más tiempo con cada uno de vosotros. Sois los que, de verdad, le dais sentido a todo esto.



Y para rematar, me he traído unas frutas escarchadas compradas en la tienda de ultramarinos más antigua de España, que son uno de los vicios inconfesables de mi padre y de mí misma.



Juro que volveré a Huesca. He sido absolutamente feliz estos dos días y todavía me dura.

Gracias, gracias y gracias. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: Fin

Nota previa: Este es el relato de mi experiencia participando en un estudio de investigación y no incluirá conclusiones médicas. Me limito a contar cómo me he sentido y las cosas que me han pasado.

Si quieres entenderlo bien, lee los post anteriores sobre el tema:
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¡Buenos días!

Hemos llegado al último relato de esta pequeña historia que espero que os haya gustado y de la que ahora, pasados unos días del final de todas las pruebas, quiero hacer algunos comentarios:

Es un estudio serio: A pesar del tono que yo le haya podido dar, de las bromas que haya podido hacer y de la forma en que lo he llevado y compartido con vosotros, lo que he estado haciendo estos días no ha sido un juego. Forma parte del trabajo de alguien y mi aportación sólo ha sido un grano de arena que se ha hecho un pelín más grande al ponerlo negro sobre blanco. 

Los resultados: Como toda investigación, no es cuestión de unos pocos días ni las conclusiones finales verán la luz inmediatamente. Hay que seguir trabajando en el tema y hacer más pruebas, pero, eso sí, nos enteraremos e intentaré contarlo también lo mejor que sepa cuando ese día llegue.

Mi cuerpo: Después de una extracción de sangre a los tres días de terminar de consumir gluten, mi cuerpo había sufrido los cambios que ellos están buscando. Está por ver si los marcadores habituales Antitransglutaminasa han sufrido alguna alteración pero es muy probable que no. Esto es simple curiosidad mía y una forma de ver que he salido bien de todo esto.

¿Me he resentido? La respuesta es clara: . Ha sido al final de la ingesta de gluten o al principio de dejarla cuando la nausea que no me abandonaba compartía escenario con un leve dolor de estómago que os adelanté ayer y que se ha mantenido prácticamente una semana entera. No ha sido nada grave, no me ha condicionado y me ha permitido hacer mi vida, pero tenía yo un algo ahí que no me acababa de encontrar bien sin estar mal del todo.

Paso del gluten. Alguna personas me dicen que esto se me ha hecho más cuesta arriba por el hecho de no poder comer más que pan de molde. Es cierto. Por supuesto hubiera sido más fácil comiendo cosas que me gustaran más. Quedó demostrado el segundo día porque fue más fácil, pero casi desde el final del primero tuve claro que me encontraba bien en mi estilo de vida y con mi dieta. Soy una celiaca feliz que, por lo que parece, cada vez echa de menos menos cosas. Me he adaptado a mi vida y a mi situación. Puedo tener algún antojo o morriña del pasado, pero no sufro por ello.


Hacerlo público ha sido lo mejor de toda la historia. Tuve muchas dudas entre si contarlo o no y, como en casi todo en esta vida cuando tomas alguna decisión, me ha traído cosas buenas y cosas malas:

Lo peor: Algunas personas no han entendido de que iba esto. Han leído el título de los post y han alucinado directamente, sin leer, sin saber de qué va la historia. Los enlaces a mi historia se han compartido y yo no sé donde han ido, pero sé que se han malinterpretado en algunos sitios. Afortunadamente, conozco muy bien mi enfermedad y tengo las cosas muy claras: sé que no se cura y que no me he curado por muy pocos síntomas de las transgresiones que haya tenido, pero me he dado cuenta de que otras personas no lo tienen tan claro; sé que resulta chocante llenar tu muro una semana de pan y sandwiches cuando siempre estás compartiendo recetas adaptadas sin gluten. No hago apología de la vuelta al gluten.  Acepto las críticas si tienen fundamento. Soy una persona adulta y responsable que ha asumido que tiene una enfermedad y que sigue rigurosamente, sin saltársela un día de su vida, la dieta que requiere. De verdad, no necesito recordatorios de eso.

Lo mejor: Vosotros. He recibido mails, mensajes, comentarios y tweets de ánimo, las ideas que habéis compartido para que eligiera los alimentos con gluten; las que habéis tenido después cuando os conté que no podía; la decepción conjunta y el interés sobre algo, que espero algún día revierta en todos nosotros de una u otra forma. Siento no haber podido contestar a todos.

Algunos me habéis dicho que soy valiente. No es falsa modestia si digo que yo no lo veo así. No hubiera sido capaz de hacer esto si antes de dejar el gluten hubiera sido una persona enferma y que sólo levanta cabeza cuando empieza su dieta, como muchos de vosotros. Si me decidí a hacerlo es porque nunca había tenido unos síntomas claros e inmediatos como los que referís muchos de vosotros. Los míos, digamos, estaban más camuflados y se han manifestado a lo largo de mi vida de una u otra forma y como consecuencia de toda una vida consumiendo algo que me hacía daño.

Quiero, para terminar, daros las gracias a cada uno de vosotros y deciros que me he sentido muy acompañada, que estoy dispuesta a ayudar en todo lo que pueda para que se sepa de una vez TODO lo que concierne a esta enfermedad pero que, de momento ...

Vivo sin gluten, y así me quedo.





Tengo que pediros un esfuerzo final:

¿Me contáis vosotros que ha sido lo mejor y lo peor de esta historia para vosotros?

Hoy sí que sí, espero contestar a vuestros comentarios en el blog.

¡¡Besos mil!!

martes, 25 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: El tercer y último día.

Nota previa: Este es el relato de mi experiencia participando en un estudio de investigación y no incluirá conclusiones médicas. Me limito a contar cómo me he sentido y las cosas que me han pasado.

Si quieres entenderlo bien, lee los post anteriores sobre el tema:
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Solo puedo sentir alivio por llegar al último día. Estoy harta. No me apetece comer una sola rebanada más de pan. Encima es sábado y es más fácil que coincidamos todos desayunando a la misma hora en casa. No sé porqué, siento cierta vergüenza al comer pan delante de mi hija, así que me adelanto y, para cuando ella se levanta, ya no ve ni migas (no me vaya a caer otra charla).

Me he dado cuenta o he sido consciente de algunos hábitos que tenemos ya muy arraigados en casa. ¿Sabéis que usamos todos, por ejemplo, el mismo bloque de mantequilla? En mi casa la mantequilla va de su recipiente a tu plato y de este a tus tostadas. Y también usamos la misma tostadora. Usamos bolsas para tostar y no tenemos que tener ni un solo aparatejo más de los necesarios. Aquí solo vive un no celiaco. El que se apaña con las rarezas y el que tiene que tener todos los cuidados es él.

Como celiaco, se vive bien en una casa donde somos mayoría.

Afortunadamente, todavía me quedan tres sandwiches de Rodilla para luego.

Nos vamos a media mañana a comer al pueblo y decido comérmelos antes de salir. No me entran. Menos mal que me he reservado el que menos me gusta para el final porque decido dejarlo. Ayer pude con tres, disfruté con ellos. Hoy paso.  

Otra vez como sola y sin que me vean. 

Mi hermana es celiaca también. Ha preparado un banquete de cumple sin gluten para toda la familia, como tiene que ser. He llamado antes para ver si tenía pan de molde o si tenía que irme desde Madrid cargada con dos tristes rebanadas de pan. Tiene.

Cuando llegamos a mediodía, tomamos cerveza Ambar y mi cuñado pone un aperitivo mientras esperamos que se termine de hacer la comida. Tampoco me hace gracia que mi hermana me vea comer pan (¿Por qué esta vergüenza?)

- Carlos, dame el pan de molde, porfa.

Lo cojo, lo manoseo, lo aplasto, le doy forma de cubo ... ¡y para dentro! Un calamar, un cubo. Otro calamar, otro cubo. Un trago de cerveza y ...

¡¡Se acabó!!

Paso otra vez la tarde llenita a reventar. Hoy le veo más lógica porque después de la sobredosis de gluten y pan me he comido todo lo que ha puesto mi hermana, postre incluído. Tengo un leve dolor de estómago y esa nausea no se termina de ir.


Pienso mucho en estos días qué es y qué ha sido el pan en nuestra dieta: Un alimento básico. En periodos de hambruna, el único. Quita el hambre. Sacia. Y así estoy yo: llena todo el santo día y toda la noche.

Pienso en qué hubiera pasado si la sobredosis de gluten la hubiera tomado en otra forma: ¿seis donuts por la mañana? ¿una barra de pan entera antes de comer? ¿Una caja entera de miguelitos? ¿Un roscón? Hay una forma muy habitual de acabar aborreciendo un alimento: empacharte. Así que, voy a tener que dar las gracias por poder mantener mis buenos recuerdos del resto de alimentos glutaneros. Seguis idealizados en mis pensamientos. Bollito bueno.


Me siento liberada.

Lo he hecho, lo he hecho bien, he cumplido las normas, no me he puesto mala (de momento) y ya puedo volver a mi dieta sin gluten.

Quiero, deseo, ansío volver a mi dieta y a mi vida.

¡Paso del gluten! 

Me quedan un par de pinchazos y unas pocas conclusiones que he sacado de todo esto.


¿Volvéis mañana?


lunes, 24 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: El segundo día

Nota previa: Este es el relato de mi experiencia participando en un estudio de investigación y no incluirá conclusiones médicas. Me limito a contar cómo me he sentido y las cosas que me han pasado.

Si quieres entenderlo bien, lee los post anteriores sobre el tema:

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¡¡Buenos días!! Empiezo el día con la visita de mi tío de América. Acabáramos. Ya no puedo echarle la culpa del agotamiento de ayer al gluten. Es algo que me deja por los suelos y esta vez no ha sido diferente. También tengo algo de dolor y claro, es por el mismo motivo.

El día empieza con las dos tostadas de rigor. Hoy mantequilla y mermelada.

Mi hija está en tensión. Ya no sólo tiene que aguantar las miguitas que va dejando su hermano por la cocina sino que parece que es una molestia para ella tener mi bolsa a la vista y cerca del tupper con su pan. No sé en que momento se habrá hecho de la liga de la paranoía glutenera porque, desde luego, no es lo que está viviendo en casa.

Bolsa cerrada + tupper cerrado + distancia de seguridad = No riesgo de contaminación cruzada. 

Tengo que suponer que teniendo una madre celiaca se ha despreocupado de "lo suyo" porque era "lo nuestro". En fin. Yo tengo todo el cuidado del mundo, pero mis migas no son diferentes a las de los demás cuando comen conmigo: tienen vida propia. Hay que tener más cuidado.

He dado el parte mañanero vía whatsapp a mis seguidores en directo y, por fin, han puesto algo de luz a este asunto del pan de molde. ¿Y unos sandwiches de Rodilla? ¡¡Ostrás!! Gracias Lourdes por la idea.

¿Cómo no se me había ocurrido a mí solita? Me dejé cegar por tantas cosas ricas y me llevé tal chasco cuando no pudieron ser, que olvidé lo delicioso que puede llegar a ser un sandwich, así que pongo rumbo a Rodilla y quedo embelesada e indecisa ante el mostrador.

Me ha costado mucho decidir, pero más vale lo malo conocido: ensaladilla, queso con nueces (x2), cheddar con bacon (x2) y uno de esos nuevos de cuyo nombre no consigo acordarme. Seis sandwiches que me repartiré entre hoy y mañana. Son caritos ¿no? Y tienen gluten.

Almuerzo apañado.



Hoy ha sido más fácil. 

A media mañana he devorado tres sandwiches. Ha sido maravilloso, para qué os voy a decir lo contrario.

Por si alguien se lo pregunta: sí, he pensado en el gluten que pudiera tener el relleno, pero he decidido que es más que probable que sea muy poco o nada y, por supuesto, no creo que hoy sobrepase el gluten de 180 gr. de pan cuando sólo pienso comerme el mínimo: 160 gr. Tengo un pequeño margen ¿no?.

Aunque llego a la comida de mediodía otra vez llena a reventar, consigo meterme la única rebanada de pan que me queda. 

Llego al final del día igual que ayer, empachada, sin gana ninguna de comer más y con esa fatiguita en el estómago que no acaban de ser nauseas pero que me tiene incómoda. De esto no creo que tenga la culpa mi tío de América, pero nunca se sabe.

Nada de dolores y carreras al baño hoy tampoco.

¡Ya sólo queda un día! Empiezo a tener muchas ganas de que esto acabe.


Imagino que vosotros también ¿o no?


viernes, 21 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: El primer día.

Nota previa: Por razones obvias (ni el estudio está terminado ni yo soy médico) el relato de mi experiencia participando en este estudio no incluirá conclusiones médicas. Solo quiero contar mi experiencia en estos días y cómo me he sentido. 

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Bueno, pues ahora sí que sí. 

He sacado dos rebanadas de su paquete y las he pesado: 54 gr. En la bolsa pone que pesan 35 gr. cada una, pero ya veo que no, claro que son las más pequeñas del principio.

Han ido directamente a la tostadora y no pienso hacer ninguna floritura con ellas: solo mantequilla.

Café, dos tostadas .... suena bien, pero con el primer bocado llega la primera decepción: ¡¡aire!! El pan me parece aire, sin consistencia. Intento saborearlo y pensar en si lo he echado mucho de menos y si recordaba ese sabor. Sí lo recordaba, pero no lo he echado de menos: no sabe a nada o sabe muy poco. Desde luego, dista mucho de ser algo delicioso. Tengo en casa, no sé, ¿8 clases de harina diferentes? Mis panes saben a todas esas harinas, tiene olor a pan. ¡Están buenos!

Me cuesta comerme las dos tostadas. No como mucho cuando me levanto precisamente por eso, prefiero hacerlo más tarde, pero si tengo que meterme entre pecho y espalda al menos 6 rebanadas de "eso" hasta el mediodía no puedo dejar de hacerlo a primera hora de la mañana.






He tragado como he podido y como tengo que salir, he pesado otras dos rebanadas y las he metido para comerlas a media mañana. Sin nada. Siempre me pilla el toro, así que pienso en comprar algo para acompañarlas luego.

A media mañana no tengo hambre, estoy en la calle y no he tenido oportunidad de comprar "el relleno", así que, me como las dos rebanadas de pan tal cual. ¡Para dentro! Como el que se toma ese cucharada de jarabe o esa ampolla contra el dolor que sabe a rayos, casi sin respirar. Me ha costado, pero me las he comido. 

Con dos rebanadas más comiendo, se acabará el tema.

Hacia la hora de comer, siento que no me cabe un gramo de alimento más en el cuerpo. Me siento completamente llena, empachada, tengo naúseas ... Creo que es una especie de empacho en toda regla y que no voy a ser capaz de terminar la historia, pero llego a casa, me caliento la comida, peso mis dos rebanadas (que por fin superan los 60 gr) y ataco. Mojando en la salsa, trago de agua, trocito por aquí, trocito por allá ... Ha entrado todo.

Se acabó por hoy. Siento alivio.

Paso todo el día como si me hubiera comido una vaca entera. No tengo hambre en toda la tarde y llego a la cena igual. Me siento incapaz de comer nada más y sólo me animo a terminar el día con un yogur.

Mi familia y mis amigos me están preguntado si me encuentro bien. No he tenido que salir corriendo al baño, no he vomitado y no me duele nada. Estoy bien pero deseando irme a la cama. Me siento completamente agotada.

En este punto ya tengo muy claro que esto no me va a gustar y que no me va a resultar fácil. 

Y todavía faltan dos días ...


¿Será mi cuerpo o mi cabeza? ¿Qué opináis?

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